CAPÍTULO 3 HAZ LO QUE QUIERAS
Respondiendo a la pregunta que cuestionaba al final del anterior capítulo, comente Savater que no todo en esta vida funciona regido por unas costumbres, órdenes o por un determinado capricho. Es aquí donde de nuevo podemos hablar de la libertad. Esta libertad de la que desde el principio hemos hablado es el poder elegir entre decir si y decir no. Cuando tomamos una decisión debemos tener en cuenta que la libertad que poseemos implica pensar las cosas dos veces antes de realizarlas, para así cerciorarnos de que es realmente conveniente o no para nosotros.
Para empezar podemos plantearnos si nos estamos guiando por costumbre, siguiendo una orden o satisfaciendo un capricho. Como generalmente esta primera pregunta nos abstenemos de realizarla ya que lo hacemos de un modo mecánico, debemos llegar a la segunda. Esta segunda cuestión sería la siguiente: En el caso de ser una orden... ¿Quién lo ordena? Lo que planeo hacer...¿Es bueno para mi? ¿Estoy entonces siendo esclavizado por alguien?
El ser una orden, una costumbre o un capricho no es justificación alguna de realizar una determinada acción. Seguirlas no es sinónimo de ser “moral”. Y tampoco el concepto “bueno” posee el mismo significado que “moral”. Para aclarar esto comenta que un futbolista puede considerarse muy bueno en su trabajo y no por ello poseer una moralidad destacable.
Dice Fernando Savater que esto sucede porque en todos los casos sabemos calificar lo que es realmente “bueno” excepto en el caso de un ser humano. ¿Sabríamos definir lo que es un hombre bueno? No será fácil puesto que no conocemos la utilidad esencial de una persona. Una moto sirve para desplazarse a gran velocidad, un futbolista tiene la tarea de marcar el mayor número de goles posible pero...¿Un ser humano? De nuevo nos vemos ante el dilema de decidir entre qué es lo bueno y qué es lo malo en esta vida.
Frente a la conclusión del capítulo, hace alusión el autor a un texto de François Rebelais en el que define la moral como el “hacer lo que quieres”. Concluye el capítulo asegurándose de no habernos escandalizado.